Si piensas que comer frutas desecadas es más sano que comer frutas frescas, estás en un error. Cuando las frutas son desecadas, pierden agua y nutrientes y adquieren más calorías y azúcar. Además, a las frutas desecadas que venden en los supermercados les añaden edulcorantes.
Por ejemplo, una taza con trozos de melocotón fresco contiene 75 calorías, mientras que una taza de orejones (melocotones desecados) llega hasta las 313 calorías. Los melocotones frescos contienen más fibras, más vitaminas A y C, más beta-caroteno, y más potasio que los melocotones secos.
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